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Somos una comunidad mundial de alcohólicos recuperados que nos ayudamos unos a otros a mantener nuestra sobriedad y compartir libremente las experiencias de recuperación, con otros hombres y mujeres, que también tienen problemas con la bebida. 

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Perdón a mi padre ausente (24-May-2014)

Perdón a mi padre ausente (Por Agustín G.)

Área Veracruz Dos

Cuando conocí Alcohólicos Anónimos era aún muy pequeño, mi padre y mis hermanos asistían a un grupo en el centro de la ciudad y poco a poco mi casa se fue llenando de alcohólicos anónimos. Fue una idea que siempre rechacé, que me negué a aceptar de buena manera, pues eso representaba la lucha que mi papá realizaba para estar bien y para no beber.

Mis resentimientos con él estaban a flor de piel, pensaba que jamás estaría en tales circunstancias tan humillantes. Podía ver cómo mi padre le dedicaba tiempo a la Comunidad alcohólica, así como a sus miembros. Sentía rabia y desprecio por esos seres que según yo eran unos borrachos irremediables, que jamás cambiarían; con el paso del tiempo vi como mi viejo realizaba tareas para su grupo y pensaba que cómo era posible que un hombre que prácticamente nos tenía en el abandono nos diera la espalda y atendiera a otras personas que no tenían nada que ver con él. No podía entender que lo que hacía era un servicio, que sólo cumplía con una responsabilidad que adquirimos los alcohólicos para mantenernos sin beber el día de hoy.

El tiempo y la vida me jugaron una mala pasada, empecé a tomar en fiestas y reuniones con los amigos, sin sospechar a dónde me llevaría mi vida ingobernable, junto con una obsesión fatal.

Llegué a Alcohólicos Anónimos, derrotado, con sentimientos de culpa y mucha frustración; había llegado al punto en el que la familia no confiaba en mí, se sentían defraudados y nada podía convencerlos de que algún día cambiaría. Los borracheras iban acompañadas de días de ausencia de la casa y cuando regresaba, lo hacía con actitud de enojo o seriedad que utilizaba para que nadie reprochara mi conducta, pero con la actitud de que se me debía atender, no podía ver que hacía daño y me lo merecía todo, pues la vida me había quedado a deber afecto, atención y mucho cariño. Todo ese amor que existe dentro de mí (hoy lo sé), se quedó reprimido y con el tiempo no soporté ni un abrazo, una caricia y mucho menos frases que hablaran bien de mí, dejé de creer en los demás.

Ahora puedo comprender el trabajo que el viejo realizaba con otros alcohólicos, pues sólo entre nosotros puede haber tal comprensión.
Vivo muy arrepentido, pues mi padre ya se fue y nunca pude pedirle perdón, nunca le dije que lo quería y yo hubiera querido haberle dado la satisfacción de haberme visto llegar a un grupo. Siempre he querido que alguien se sienta orgulloso de mí, quizá buscando aprobación, porque los alcohólicos necesitamos que la gente nos diga que realmente valemos.

Hubo varios elementos que me unieron al grupo, pero lo que sentí de más ayuda fue el poder reconocer que había vivido muy mal, el alcohol me ganó la partida de tal forma que no me permitió concluir una carrera universitaria. Cuando lo percibí, sentí frustración porque ya era un hombre mayor, me enojó el darme cuenta que no era la clase de persona que siempre pensé y sentí pena, pues me daba cuenta de que había despreciado la ayuda de mi padre cuando me la ofreció.

Al llegar a Alcohólicos Anónimos me sorprendió la calidez de la gente, gente que no conocía y que a primera vista juzgué. Pude percibir que ellos tenían algo que aún hoy no he podido conseguir, pero que constantemente trabajo para obtenerlo; vi que éstos alcohólicos podían sonreír, hablaban de cosas que pensaba eran experiencias fuertes y que yo no las contaría, eran vergonzosos, hacían que mi cara se encendiera y sudaba por todo el cuerpo..

V I S I T A S

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